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viernes, 20 de abril de 2012

¿Cuesta? Ahí va mi apuesta. (@Ines_Th & @Alberto16N)

I.

No querías sorprender a nadie, esta vez sin dilaciones, sin tonterías ni sutilezas…

Bienestar y felicidad, resonaban en tú cabeza, se te ocurrían mil maneras de machacar ambas palabras, pero esta vez no, esta vez había que echar el resto, tenias que elevarte, tenías al menos que intentar despegar los pies del suelo.

Llego el momento de mirar al horizonte y perderte en él, de mirar el presente a la cara, de fijar tus lágrimas en sus ojos y de desafiar a la vida, tirándola por el precipicio.

Ese precipicio que habías creado con el tiempo, que en un abrir y cerrar de ojos se había rellenado. Lleno de incredulidad, de confianza y de ganas de seguir adelante.

No podías decir que no, no podías volver a caer en el error, los limites habían sido erradicados, desterrados, eliminados de tu rutina, tus pies ya estaban acostumbrados a demasiadas piedras, a cuantiosos tropezones, era el momento de actuar.

¡Para! No sigas . . .  Gritaste.

No puedo más, ¡Detente! Son mis ganas de vivir . . . 

Ahora lo tenias, habías conseguido una mano de ases, esa que ahora se refleja en tu mirada, y donde frente a ti, esta tu rival, ese que esconde la dichosa escalera de color.

El Croupier seguía repartiendo, seguía dando esas cartas que harían que el ‘Black Jack’ fuese al fin, tuyo.

No era la primera vez, ni iba ser la última, pero tan solo era una más, una más de todas esas veces en las que tan solo intentaste ser feliz.

Esa sensación de libertad que nos crea el aire salido de su boca. Esa otra escalofriante manera de vivir, dando tumbos, pero quieto.

Rasgaste las cuerdas, quebraste la voz, afinaste tu vida y comenzaste a caminar.

Pupilas diminutas, dedos adormilados, ahora miras a través de esa ventana, meses después, y ves algo raro, algo bello, algo grande y lleno de vida, ves ese paisaje que añorabas, observas como se mueve, como se tambalea por el ruido, entiendes porqué te trasmite lo que siempre sentiste, esa paz, esa calma, logras ver más allá, llegas a la cumbre, ves ese brillo, ese azul que te conmueve, ves tu sonrisa, te ves a ti.

Tu reflejo y tu intenso interior rebotan en el cristal, te hacen fuerte, te recomponen y te hacen levantar de la silla.

Gritas, elevas los brazos y abres la ventana; el frío te hiela, pero tú más caliente que nunca, saltas y te elevas, notas como el pelo tapa tus ojos, como cubre tu rostro, tus gestos, tu mirada . . . terminas intuyendo como al fin tienes todos los ingredientes para esta vez sí, echar a volar.

¡Te sentías gigante!

En ese momento algo inunda tu guarida, el silencio se hace con todo . . . 

¡Reaccionas!

Al poco de asimilar aquel éxtasis repentino, aterrizas, inspiras y la coges . . . 

Tus dedos se deslizan como nunca, tu mirada esta fija en la pared, ellos se mueven solos, las cuerdas vibran, la voz engorda tu garganta cuando de repente, comienza a sonar . . . 

Esa, quizás la perfecta melodía desafinada de unos labios rozando otros, de ese caramelo deshaciéndose sobre la piel, de esos abrazos que quedaron atrás, en el tiempo, que crees que ya no tendrás.

Esas miradas que decían todo sin querer decir nada, esas veces que deseabas y no podías . . .

Continuará . . . 

viernes, 13 de abril de 2012

Te toca.

Intentas caminar, intentas olvidar, vuelves a recordar, querer, no querer,  pero vuelta a caer; esa luz sigue brillando, tenue, pero brilla,  y la puta de ella, alumbra cuando menos te lo esperas.

Te desvela, te condena a volver a pensar en su perfección, en su no se qué… te haces la persona que no eres, persona fuerte, madura, entera, responsable, fría… intentas obviar detalles de entonces, pero vuelve, vuelve a recordarte que hoy no eres feliz.

Piensan que piensas, dicen que eres, olvidan que tal vez, quieres olvidar. . . 

Tener ganas de sufrir, de sufrir para pasar página, para comenzar la historia de nuevo, para volver a ser la misma persona, la que siempre fuiste y quisiste ser.

Las páginas están pegadas, los dedos te resbalan como si el papel estuviera más que mojado por esas malditas lagrimas, no consigues ver la que está en blanco, la que está dispuesta a esperarte, esa página que espera paciente para por fin, comenzar.

No puedes ni tan siquiera decir más, enmudeces; sabes que seguirás y caminarás solo hasta que no consigas sentirte feliz. Puedes ser, pero no parecer.


Crecerás como persona, abrirás los ojos, serás un ser sensato y consciente, terminaras reconociendo que junto a esa persona no eras tú, de que esa persona que ‘eras’, era la que querías ver con ella, ¡nada había sido justo!

Por eso, es tiempo de sacar la cabeza del hoyo, de dejar de dudar, de dejar de agachar la jodida cabeza y conseguir aferrarte a lo que te saca la sonrisa, de aferrarte a él, a ella, a ellos. . . a quien sea.

Está dicho, esta vez te toca a ti, te toca ser feliz.

jueves, 12 de abril de 2012

Caminos unidos, no cruzados.


Esas mañanas en las que piensas que todo será diferente, en las que dices ‘hasta aquí’, en las que te ves con ganas (esas que tanto escaseaban) de mandar todo a la mierda, de comenzar a buscarte, de ¿por qué no?,  encontrarte. Había anochecido y amanecido tantos días, y seguías igual, seguías en el pasado, ese que siempre terminaba apuñalandote.

Solo bastaba un paso más, solo uno para verlo todo del revés. 


Esperar, mirar, que estés lejos, que te hayas ido y que de aquel tren que tal vez debiste coger, solo quede un esbozo de su humo, una pincelada de su sonrisa, esa que ahora se difumina en la distancia.



Lagrimas perdidas, invertidas en esa persona, invertidas en todo lo que iba a ser y no fue, en todo lo que tendría que haber sido y por ella, nunca será.

Esos te quieros implícitos, esas miradas, esos ‘sentimientos’ en cada uno de los besos que tantas veces te dio sin ganas.  


Era un quiero y no puedo, estaba claro, era un día tras otro, una condena a tus sentimientos.  Su indiferencia atemporal te hacia fuerte, dolía, pero valía,  te hacia zozobrar, ya no podías.

¿Desistir?
En esos momentos en los que crees no tener fronteras, no tener límites con los que chocar, es cuando todas las paredes se desmoronan, todos los pilares de esa genialidad que te cautivó, se van al traste, se esfuman solo viendo y sintiendo que algo no era como tu pensabas, algo no era como la película de tu cabeza, algo se había vuelto gris, se había vuelto, ¿por qué no? , real.


Su oportunidad pasó, los caminos pueden volverse a juntar, ya no, cruzar.

jueves, 1 de marzo de 2012

Melodía de época desbocada . . .

Aquella tarde, donde todo parecía monótono y melancólico, allí estaba él, intentando componer aquella melodía incesante y enfermiza que a todos cautivara, que a él llenara de una vez por todas.

Seria más de mediodía, cuando con las manos en el piano, los dedos comenzaron a resbalar sobre el teclado y sonó... sonó aquello que tanto buscaba, que tanto añoraba, una melodía que por mucho que pasara el tiempo, siempre salía sola, siempre regresaba para hacerle recordar la tristeza de aquel día atípico y gris, aquel día en las calles de la Inglaterra del diecinueve.



Horas más tarde, salio de casa con la partitura entre sus temblorosos y escuálidos brazos, caminó por esas angostas y aguadas calles, donde solo resonaban las campanas de aquella vieja y derruida iglesia. Sus amigos le esperaban con impaciencia, acercándose al quicio del portón del número dos, miraban incesantemente el final de la calle, uno de ellos con pipa en mano, fumando sin parar preguntó:

-¿Por qué se retrasa? 

Continuaron esperando impaciente la llegada de aquel joven y prometedor músico.

El encuentro se hizo esperar, todo quedo en un mero intercambio de abrazos y elogios, cuando los cinco ya estaban empapados en pintas y luchando por mantenerse en pie en aquella taberna húmeda y sombría.

Pasadas las horas y las jarras, todos bailoteaban como si de payasos se tratase por aquella oscura y fría noche de Londres, donde ni los esquivos gatos asomaban el bigote.

Terminaron el jolgorio en aquella iglesia, allí donde tantas vísperas de fiesta habían entonado cánticos gregorianos en el coro del seminario.

En un segundo algo se tambaleo en aquel templo maldito, y el joven músico fue el primero en investigar el origen de aquel estruendo estridente.

Resultó que eran los oficiales del museo que albergaba aquel templo en una de sus capillas, llena de estatuas y sepulcros de hacia siglos. Todo quedó en una mera y rápida habladuría cuando ambos grupos se fueron por su lado.

En esos instantes, los jóvenes curiosos retornaron al museo, para observar de cerca que hacían exactamente los oficiales allí. La mala suerte rodeaba a aquel grupo, ya que el joven músico, choco contra un candelabro situado en el margen derecho de la puerta de la capilla.

Los oficiales cargaron contra el y lo empujaron de forma grotesca y agresiva dentro de aquella luminosa capilla, donde desde fuera sus amigos se quedaban atónitos con lo sucedido.

El joven ni oyó siquiera las palabras de sus amigos, y, tambaleando y como pudo, llegó a la tumba y se aproximó a la estatua, pero al tenderle los brazos resonó un grito de horror en el templo. Arrojando sangre por ojos, boca y nariz, había caído desplomado y con la cara deshecha al pie del sepulcro. Los oficiales, mudos y espantados, ni se atrevían a dar un paso para prestarle socorro.

Ninguno de los allí presentes se explicaba lo sucedido, la penumbra se hizo patente y la partitura se había evaporado como agua de lluvia entre los dedos de aquel escuálido y pálido joven.

Todo volvió a suceder rápido, y de forma desconcertante, cuando en aquel momento la confusión era aún mas radical, los ojos quemaban, ardían por culpa de un insolente y despiadado sol, entonces el joven abrió los ojos y vio como la luz asomaba por aquella ventana de su pequeña y humilde buhardilla, tenia el rostro marcado por las teclas de aquel piano desafinado y la tinta de la pluma derramada por todo el suelo.

El despistado joven se había quedado dormido de la incesante labor compositiva, y aun con la mente despejada, días mas tarde, no comprendió el porque de aquel sueño . . .

Lo que fue aun más desconcertante fue el recordar aquella melodía enfermiza que años mas tarde consiguió culminar.

El siempre dijo que su vida fue un tormento, pero en esa ocasión solo fue un relámpago lo que le iluminó.

En honor a todos esos soñadores empedernidos como yo . . . 


martes, 14 de febrero de 2012

"Quizás sea la hora . . ."


"Hoy cupido está vendido en un mundo de vencidos . . ."

Sigo siendo experto en conjugar el verbo fracasar, en días como estos es cuando más aflora mi odio al sistema, mi rencor al mundo que nos rodea, mi pesar y mi  desgracia por encontrarme inmerso como el que más, en esta rutina que antes denominaba vida.

Consumir, gastar y volver a consumir, círculo vicioso y veloz que a todos atrapa y no hacemos más que luchar para nada, no tenemos ningún rumbo. Sobrevivimos en una jungla llamada sociedad, al grito de ¡sálvese quien pueda! Y todo a contracorriente.


Todos queremos o al menos soñamos con cambiar el mundo, empecemos por cambiar nosotros, por modificar hábitos, por comportarnos como personas y no como buitres sin co”razón”. E ahí la clave, desde la base, desde allí es de donde se empieza a tejer todo,  es allí donde se vislumbran las posibles metas, las posibles salidas a este caos autosugestionado. Allí es donde tenemos que comenzar la intervención social de nuestro mundo, de nuestro futuro inmediato.

Hoy San Valentín, hace dos meses navidad, dentro de poco carnaval, otra vez rebajas, día del padre, día de la madre, del hijo y del espíritu santo, y así seguimos, nos engañan como a míseros idiotas y todos en manada nos dirigimos a lo mismo, a las mismas cosas, a los mismos gustos, incluso “tenemos” las mismas necesidades . . . y todo con la escasez de recursos (que siempre ha existido claro),  y nada, seguimos igual, y por mucho que se diga, por mucho que se diga, por mucho que sepamos que tenemos que luchar, no nos engañemos, esto así no cambia, no cesa, no cesará, siempre habrá opresores y oprimidos, siempre habrá buenos y malos, siempre habrá mucho y siempre habrá poco.

Soy de los que cree en vosotros, en nosotros, en mi mismo cuando no sueño, cuando me autoconvezco de que podemos y puedo, de que debo y debemos dar una patada en el enorme trasero “adinerado” de todos los que no viven la realidad como es, de esos que no sufren y hacen sufrir, de esos que por su “suerte” o “trabajo” siguen viviendo en su burbuja, de esos a los que el olor a mierda jamás les llega, de esos que miran con desprecio a alguien por no ser “normal” según su jodido y asqueroso criterio.

Nuestra actual sociedad necesita de nosotros al igual que los opresores, pero nosotros a ellos no les necesitamos, ellos dependen directamente de nosotros, de nuestro trabajo, de nuestro consumo, de nuestra poca habilidad para esquivar sus engaños. Es nuestra única ventaja, es nuestra única arma para destrozarles, debemos concienciarnos y al menos pensar en un mundo mejor, ¿por qué no? ¿Utópico? Si, y ¿Qué? Si cosas más difíciles se han visto, yo ahora, visto lo visto no me quedo sin aliento, yo lucho.

Esa máquina que todos tenemos debemos desempolvarla  y hacerla funcionar, esa máquina social, potente y duradera hay que conseguir hacerla andar,  enseñarla a no volver a tropezar. 

¿No estáis cansados de cuentos? ¿De noticias? ¿De palabras? Es la hora de decir no a días como hoy, es hora de darnos cuenta que lo que por inercia se hizo otros años no tiene porque repetirse este. Hoy ¿por qué no?, puede ser el único día que tenemos de “derecho a no ser felices”, los 364 restantes tienen que ser nuestros 364 san valentines, nuestras 364 oportunidades de luchar por la felicidad que otros coartan.

Quizás no sirva de mucho,

Quizás (solo) sean palabras,

Quizás solo produzcan risa,

Quizás solo malgaste tinta,

Quizás gente me comprenda,

Quizás gente se contenga,

Quizás muchos ni leeréis,

Quizás menos confiareis.


Pero la cuestión es; ¿Quizás no sea este nuestro mundo?

No lo sé, acabo de entrar en mi cama y sigo ciego, sigo sin ver, como cuando nací, como cuando comprendí que jamás me sentiría como los demás. Que si hoy no suena, mañana lo hará.

No veo el mundo, pero tal como escribo, siento.

Es hora de dormir, o al menos volver a soñar, todo por vosotros, por mí, por el sonido a libertad y aun más, por el  sonido a felicidad.

¿Habría apagado la luz?

Quizás . . .


martes, 7 de febrero de 2012

Ficción de mi realidad utópica.

No hay lugares donde pueda explicar lo que siento, aquello que cuando te tengo entre mis manos siento. 

Eres dúctil y a la vez consigues volverme frío, me haces escurrirme como el hielo sobre el cristal. Eres mi alteración, mi alteración de alteraciones en estos grandes y torpes centímetros de piel reseca.

Como ritmo de tambor me vuelvo redoble al instante, ese instante en el que decides ir, decides dirigirte hacia esos labios demasiado tímidos e inexpertos, que desde hace rato claman al cielo el roce de esa carne tan prohibida y soñada hace días.

Por mucho que anochezca necesito sanar lo que será en pocas horas mi amanecer, me consuelo con el esperar fines de semana no tan finales, termino consiguiendo vaciarme y llenarme de mi, día tras día, logro recordar cada instante para que mi cerebro idiota no reseteé por costumbre todos y cada uno de esos instantes que tanto puede  aprovechar, y que como tonto con piruleta deje escapar, aunque no del todo claro.

Borracho de sueños de poco alimento, consigo cumplir mi tercer, cuarto o decimosexto día sin verte. Cuando llega el momento, las sonrisas salen solas, al igual que los roces de nuestras inoportunas manos, pero sigo sin saber el porque de todo, el porqué de tener valor de seguir igual que cuando comenzamos a caminar.

El valor es cosa de valientes (o eso dicen), pero al igual que boca con dientes, consigo morder, pero no tragar. Es un circulo demasiado vicioso que necesito abrir y conseguir derrochar a raudales esa confianza que tanto siento, pero no demuestro.



Creo que es hora de coger las maletas, de no cambiar, pero si mejorar, es el momento de no contar y  conseguir pillar a la vida el ritmo que lleva, me he vuelto un arrítmico, y hay que ponerse a la altura.

Ya valió eso de querer ser un príncipe azul desteñido, de ser feliz a ratos y eso de hacer amigos de aquí para allá. Necesito hacer funcionar esa maquinaria que sé que tengo. La clave son las herramientas precisas para el montaje (en lenguaje para cortos, sentimientos), se que las tengo.

No es pensarlo más, es esquivar la soledad y dejar de estar fatal. Dejaré de ser ese extraño que habita dentro de mí. ¡Resurgiré!

Es hora de sacar el palo y limpiar las telarañas, las que obstruyen todo lo que en verdad soy, lo que en verdad intuyes. Es hora de entonar el vals del adiós




Me voy pero no llores tu, no estés triste
Me largo porque no soy tu mejor opción
prefiero no ver tus ojos al despedirme
y a ser feliz en otra 
canción.

Huir fue mi costumbre cuando hay tormenta,
mi traje de cobarde me sienta bien,
que pronto se hizo tarde pido la cuenta,
dos besos de propina y hasta otra vez.

y brindo por esas noches donde todo era 
alegría,
esa mezcla de sonrisas y rock and roll,
Esas tardes de verano apurándonos los cuerpos,
valía mas el bar de abajo que toda nueva york.

Me voy cantando el vals del adiós...

Acepto la derrota como costumbre,
asumo tu destierro por solución,
ya no arde la madera no queda lumbre,
cenizas de un pasado, que ya pasó.

Y brindo por esas noches donde todo era 
alegría,
esa mezcla de sonrisas y rock and roll,
Esas tardes de verano apurándonos los cuerpos,
valía mas el bar de abajo que toda nueva york.

Me voy cantando el vals del adiós...


Estampida a deshora, pero necesaria. 
Ofrecí, y poco recibí, por eso así decidí.



martes, 31 de enero de 2012

Adiós cielo, nubes al suelo.

Hace días que no tengo mucho que contar, hace días que mi musa no viene a verme, pero esta vez escribo por maldita inercia, porque en realidad necesito escupir que sigo siendo el mismo, que quiero cambiar y no puedo, que me come la fuerza que cada día camina conmigo, esa que no se despega, esa que no quiere darme las ilusiones que en realidad necesito.

Salgo a pasear, pero solo por dentro de mí, no encuentro el punto en el que meter el dedo para que salga el maldito aire. 


Soy fantasía escrita, no sé cuanto duraré, preso de sueños no cumplidos, a veces no dominados, esos que consiguen contar las vueltas que di sobre tu cama, las veces que mojé mi almohada.

¿Tienes? ¿Quieres? ¿Debes? ¿Me quieres? ¿Me tienes?
Escribir y olvidar, olvidar y volver a escribir, todo por no volver a caer en tu red, por no volver a volverme loco entre letras sin motivo ni razón, loco otra vez entre tus piernas por favor. 


No hay lugares donde pueda aprender a conseguir a tenerte, a conseguir tenerme, camino, sigo, intento, intuyo tus pasos. ¡No te pares! 

Al fin término de leer la que iba a ser mi nueva y soporífera entrada de blog, cierro ese viejo cuaderno y como no, miro el reloj, grito: ¿las siete?

Levanto la mirada y allí estoy, otra vez contemplando el cuadro, ese cuadro de tu espalda desnuda, ese que pinté con tanta ilusión mientras abrasabas tus labios frente a los míos. 

Seguías igual, esquivando la ventana, con tu pelo zaino que sigue llenando mi habitación, esa que aún huele a ti, ese aroma que aún guarda nuestra almohada, esa que sigue con el olor de tus pestañas. 

Desempaño una y otra vez mis ojos y sigo viendo borrosa tu mirada, tu canción ha dejado de sonar, ayer se rayó el vinilo de tanto rodar. No puedo dejar de quemar mis dedos en la guitarra, esa que no tiene cuerdas, pero suena, suena a ti, a tu despertar.

Necesito poder dejar de mirar, de mirarte. . .

Recurro a lo peor, a buscarte en el trago, ese tan amargo, soy un inocente, cruzo de nuevo entre tu verdad y mi lamento, y termino en el suelo, atropellado, borracho de nada y sin fuerzas para respirar. 

Los cuatro vientos vuelven a odiarme, a abandonarme. 

Llegó la noche, sigo en el suelo, nadie me levanta, tengo miedo a las tinieblas de mis ojos, mi vida está colgada de una decisión, de aquel cruce de caminos sin retorno. 

En este instante no necesito a nadie, me necesito a mí y en los momentos de flaqueza, sí, me siento solo; hace años se me echaban a suertes, pero ahora esa sensación ya no existe, prefiero mis sueños de ahora, los desteñidos de dulzura. 

Me miro en el espejo, me escupe la verdad, ahora estoy despierto y ya me doy cuenta de que no quiero saber nada, de que me voy a disfrazar de un tal Alberto, al fin y al cabo, es lo que mejor se hacer, tengo experiencia. Lo sé.

martes, 24 de enero de 2012

Alma de mujer.

Todo comenzó con aquel perdón en esa angosta y fría cama, en la noche más larga de lo que ya, trascurría de año.

Primero comenzaron a salir aquellas reglas absurdas, que decías marcar por el bien de los dos. Esas reglas hechas leyes que ni pies ni cabeza tenían y encima decías que todo ocurría así, por mi locura, esa que explicabas que siempre terminaba haciendo mi vida más amarga, mas indigesta.

Yo estaba en lo cierto, todo lo que tuvimos juntos se estaba evaporando, pero no podía ser de otra forma que con más gramos de por medio. Gramos de basura, también unos pocos de tu amargura ya presente en lo que llamabas mi locura, toda una vida por delante decías, todo unos valores por los que luchar, mas de mil millones de personas donde buscar tu "complemento" "im" perfecto gritabas (desde dentro) una y otra vez, pero nada, yo seguía firme a mis convicciones.

Me canse de decirte que te quería, que te necesitaba, que siempre quería nuestros fines de semana, que quería a nuestra intimidad, esa que solos creábamos, que echaría de menos esos buenos ratos de pensar, de arruinar el sofá de tanto vaguear, que iba a volver a querer mis sonrisas. . . pero parece ser que todo eso se termino.

Mi valentía no tenía su mejor semana, ni su mejor día y mi boca directamente termino por cerrarse y evadirse de la que en esos momentos era la peor realidad que jamás había presenciado. Mis ojos llenos de tristeza y a la vez llenos de malditos y pesados recuerdos, exclamaron, ¡Basta ya! ¡Vete si es lo que quieres!

El cielo seguía brillando, con mucho calor que ofrecer, hasta las calles pedían guerra, pero tú no, tu tenias la mirada allí, a donde tu color ya no se veía, decías ser valiente, (pero solo de boquita), aparentabas tener esa tranquilidad que solo salía cuando te dolía en contra de tu voluntad y ya no te servía, pero conseguiste parecer fiel y sobre todo paciente, y al final lo lograste, conseguiste quedarme sin nada,  con mi hígado como único refugio amigo ,el único capaz en ese momento de aguantar para bien o para mal mis mil noches y mis mil días ahora ya sin ti, mi alma.

Exacto, mi alma, me refería a mi dichosa alma, esa que a otros se la roban, esa que otros pierden y sin embargo, esa que a mí me había abandonado.

Y diréis que estoy loco (nada nuevo por cierto) pero no me siento tan vacío, de vez en cuando me cojo algún "catarro", camino torcido o simplemente tengo una mano más fría que la otra, pero ya me da igual, se que algún día ella me extrañará y cuando vuelva aquí, yo más feliz que nunca seré, o al menos eso me haré creer.

En verdad, como tal no quedan almas en las calles, no os engañéis, no hay colores, solo es lo que imagináis ver, en verdad estamos a oscuras, son tierras y calles sin patria, sin caricias, sin dueños ni cielos donde morir agusto, sin nada nuevo dentro de nuestros preciados sueños.

Veo y lo que es aún peor, siento como avanzan y crecen esos amaneceres de realidades demasiado crudas, donde caer en pie y caminar es demasiado difícil para gente torpe y descoordinada como yo, pero tampoco queda fuego, ni tormentas que se lleven el calor, ni realidades de sueños no tan soñados, por eso sigo perdido en mi interior, no puedo comprender, sin antes entender el porqué, ese que como un tonto otra vez, me pregunté.

Tampoco puedo entender ni comprender porque voy buscando caminos que me devuelvan el juicio, y no los encuentro, tengo dos mil quinientas dieciséis dudas, y como el primer día, sigo sin borrar ni una de la lista, es demasiado jodido tirar hacia delante y menos si no sabes dónde colocar el pie para avanzar.


En verdad, a medida que ahogo mis penas en este "papel", lo confieso, te extraño, mi alma.


¿Solo?, ¿contigo?, o ¿sigo conmigo?, mis ojos siguen cubiertos y  nada se ha convertido en todo, y nada hace sentirme más vivo, por eso avanzo, sigo a contracorriente con  ese  telón del tiempo de por medio, ese que se tendría que levantar con el esfuerzo ya sufrido, pero que mi vida sigue sin dar por vencido. ¡Maldito tiempo, me condenas!

Deje de escuchar la voz de quien en el fondo me odiaba, de quien no me aportaba, de vosotros carroña que sin razón mes a mes me jedéis desde la cabeza a los torpes pies.

Seré fuerte y romperé de una vez, el muro que me separa de ese diablo que enterró mi razón y ennegreció mi corazón. Por eso aquí y ahora escribo en este papel en soledad mundos enteros, que quiero que existan porque jamás existieron.

El amor que he encontrado y ya he olvidado cuando estaba dentro de ti, ahora es el que viene a mí, cuando estaba aquí (¿o era allí?), solo estaba fuera de mi, mis emociones convertidas en risas malparidas, te dicen ¡hasta aquí!

Personas extrañas las que me destruyeron con o sin tu ayuda, dichosa alma que ahora con calma te digo que te quiero, pero no aquí, sino allí, allí donde te den refugio, donde te den ya sin mí, una buena  vida dentro de una cama sin ti, mi dama.


Hundido en mí, como aquella noche sin tu piel, 
nuestras miradas ocultando dolor, tiempo pasado, rostro de traición. . .


Mis virtudes, tus defectos, y ambos seguimos hablando de esto encima de tu cama y como no,  seguimos despiertos.


miércoles, 18 de enero de 2012

*Solo mía...* Vida precisa, preciosa y preciada.

Contare mi vida, no como me han enseñado, sino como yo he aprendido, como he ido aprendiendo, con el ensayo error, con mis defectos y mis talentos. . . 

Comenzaré poniendo las cosas en su lugar, donde están, donde yo se que están, pero la gente que me (des) conoce intenta descolocar.

Tengo multitud de amigos y unos pocos de esos que llaman enemigos, todos y cada uno de ellos cuentan mil historias sobre mí, yo aun sigo en la primera, intentando comprender como me he podido convertir esa persona a ojos de los demás. 

Empiezo a pasar la bayeta sobre suelo ya mojado, sobre suelo para mi, después de esto, exterminado.

Como aceite entre los dedos, lo que digáis me resbala, no es mi necesidad, es vuestro vicio por lo que han dicho, lo que queréis que sea mi precipicio. 

Vosotros sois, yo soy y seguiré siendo, pero vosotros no, solo seréis meros recuerdos no recordados. Siempre seréis aquellos interesados, seréis esos corazones contenedores vacíos de razones.

Vivís de lo ajeno, todo ello sin sustento, intentáis, pero solo eso intentáis esconder eso que os come, que os constriñe, que os azuza como la peor de las tormentas, esa envidia, esa que os hace ser más de lo que no sois y menos de lo que jamás seréis.

Soy feliz, lo reconozco, al menos viviendo así, día a día con mi desliz que ahora ya ha cogido forma de un infantil regaliz. . . 

Pero sigo con vosotros, los que seguís siendo unos ignorantes, donantes de falsas historias, aquellas que son vendidas con grandes mentiras, cada día que decías que decían o decías algo de decir, y bla bla bla y bla todos ellos sin contradecir tus malditas palabrerías. . . 

¡Callaos ya!

Mientras tanto yo, sigo siendo el mismo, el que todo mira, el que analiza cada detalle, cada mirada, el que se asegura las sonrisas aunque muchas veces no encuentre respuesta, sigo siendo el que guarda la locura, esa locura que se suele invertir en amores de una noche,  esas que terminan en un coche.

Esa locura invertida (en amores de una noche), sigue escondida, como mi chulería unida a mi maldad sin crueldad, la que fue escupida el maldito día que nacía.



Conseguí ser diplomado en personas y así todo creen que no valoro como el que más los sentimientos, pero soy el de las emociones fuertes y torpes, soy el que no deja espacio a la razón y así le va al corazón,  que funciona cuando quiere,  y ahora no es más que un loco diapasón. 

No te engañes, tu no me conoces, jamás me has palpado ni calado,  eres lo típico, lo que no quiero oír sin antes recibir, eres lo que sobra fuera y dentro de mí, eres miserable escoria, deja ya la maldita discordia. 

El el arco del triunfo entre mis piernas es por donde pasa lo que tú piensas.


Dedicado a la gente que dice conocerme y juzga y habla sin saber. Todos ellos saber que ni perdono ni olvido. 
A todos los demás, gracias por sonreír al haber leído esto. Sois grandes.

domingo, 15 de enero de 2012

Amplitud sin quietud.


La mirada intermitente regresa, joder como pesa, sigue luz entre la gente, esa que tanto añoro, esa que cuando agarrabas mi mano, como si el mundo se acabara, por cada segundo que respirábamos, no se apagaba.

Para mí siempre fuiste consciente, yo solo lo tenía en la mente, jamás supe sacarlo, y ahora que me veo con fuerzas de cambiar, de poder retomar sin tener miedo a romper y después remediar, veo otra vez aquellas promesas, esas que eran como plato sin mesa, como balda de despensa.

Noche tras noche miro al techo en la oscuridad y lo peor, es todo lo que veo, veo el blanco luminoso de esa cuadrada habitación, esa guarida donde las noches pasan, donde hadas  y sonrisas embalsamadas se esconden entre sabanas y prendas prestadas, solo con tal de olvidar aquellas horas junto a ti, aquellas horas tan rememoradas y de nuevo soñadas.

Pero como siempre mal y tarde, malditas noches trasnochadas.

Siempre fuimos los dos,  nunca supimos como lo hicimos, pero escapamos, y ahora que estoy aquí, solo quiero volver a ser feliz, no sé como volar con tal de poder acariciar esos labios al pasar.
Parece, a ojos de los típicos, que tú buscas  lo que quieres, pero no me tienes sino te detienes, se por una vez estación con andenes.

Que ya te digo desde aquí, que por mucho que condenes esas lagrimas que contienes,  no se convertirán en lo que tienes, sino en lo que realmente añoras y quieres, como todo lo que esta dentro de mis sienes.

No quiero volver a las patadas sin control, al roce por el dichoso alcohol, tampoco quiero tu dolor sin calor, tu rubor ni tu dichoso pudor, porque me siento sino, como en un contenedor.

Te vuelvo a ver y siento que sientes que a destiempo estas triste, noto que sentiste lo que fuiste, pero al no despedirte, me quede como piedra del destino, como mañanas sin cielo, volví a aquellas noches de frio infierno.

¿Extraño? ¿Siento?
Los incendios se apagaron, nuestro dios dejo de entendernos, caí en aquel pensamiento que era duro y feo como el cemento, nos convertimos en sacos llenos de trapos, y  ahora como no, sigo siendo el sapo.

Termino, y no por eso me voy, aunque este sin dinero, sigo entero, porque sé que lo mejor es esto, te esquivo, con motivo, aunque ahora de colores mis venas parecen verbenas, de nuevo mi cabeza sin ti no tiene belleza, solo tropieza pero yo sigo haciendo limpieza.

Bajo las manchas del tiempo, los sentimientos desaparecen. 
Eres otra persona más, y yo todavía sigo aquí.


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